La historia se repite; en Argentina el peso cae por incertidumbre

El Banco Central vendió 330 millones de dólares de reservas para contener el precio de la divisa; el dólar cerró en 38,20 pesos por unidad

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Protestas en las calles de Argentina por la devaluación del peso. Foto: Especial

El peso argentino alcanzó el jueves un nuevo mínimo histórico pese a que el Banco Central elevó la tasa de referencia al 60% anual, la más alta del mundo, para desalentar la demanda de la divisa.

La caída se produjo un día después de que el gobierno acordó con el Fondo Monetario Internacional un adelanto de fondos para cubrir sus necesidades financieras de 2019 que no logró calmar la desconfianza de los mercados.

El dólar cerró en 38,20 pesos por unidad respecto de los 34,20 pesos de la víspera, según el estatal Banco de la Nación Argentina. En algunos bancos privados y casas de cambio la cotización alcanzó los 40 pesos. Desde comienzos de año el peso acumula una devaluación de 104%.

Con su decisión, el banco emisor busca hacer más atractivos otros instrumentos de inversión alternativos al dólar como los depósitos a plazo en pesos. La contrapartida es que debido a que las tasas del sistema financiero acompañan ese movimiento en alza, se genera un enfriamiento de la economía por el encarecimiento del crédito, explicó a The Associated Press Matías Carugati, economista jefe de la consultora privada Management & Fit.

Frente a las casas de cambio del centro de Buenos Aires varias personas tomaban fotografías de las pantallas que mostraban el precio del dólar, tradicional refugio de los ahorristas argentinos en momentos de crisis.

Rubén Montiel, de 55 años, dijo que “es una vergüenza lo que están haciendo con el pueblo, todos los días aumentan las cosas… no hay trabajo”.

El Banco Central vendió 330 millones de dólares de reservas al final de la rueda para contener el precio de la divisa y elevó en cinco puntos porcentuales los encajes para todos los depósitos bancarios en pesos para “acentuar el control de liquidez en el mercado de dinero” y que no se vuelque a la compra de la divisa.

La subida del dólar ha recalentado en los últimos meses la inflación, que según el gobierno del presidente Mauricio Macri será de 30% este año pero que analistas sostienen que rondará el 32%. La indomable alza de los precios ha acrecentado el malestar social y las protestas en las calles.

Carugati afirmó a que existe “una especie de pánico y no hay algo estrictamente racional para que el dólar siga subiendo”.

Agregó que “tenemos una economía mucho más frágil que otras, con desequilibrios que no se van a corregir a corto plazo. Lo que vino de afuera fue el chispazo que encendió esta corrida, agravado por la falta de reacción del gobierno”.

La moneda local aceleró su devaluación en los últimos días en medio de temores sobre la capacidad del país para cumplir sus compromisos de deuda, combinados con el impacto de la devaluación del real en Brasil y de la lira en Turquía.

En visperas, Macri anunció que había acordado con el FMI un adelanto de fondos del acuerdo suscrito en junio por 50 mil millones de dólares para tranquilizar a los mercados en medio de rumores de que el país no podría enfrentar sus obligaciones financieras. Pero el mensaje no convenció.

“No hubo detalles ni números en su mensaje y eso generó incertidumbre” afirmó Carugati.

El economista consideró que primero habría que estabilizar la situación cambiaria, luego minimizar el malestar social haciendo uso de partidas que el propio FMI contempló en el acuerdo y después aplicar una política monetaria que impida que la devaluación se traslade a los precios.

Según el Centro de Estudios de la Nueva Economía de la Universidad de Belgrano, el dólar es la moneda de los argentinos para preservar a largo plazo el valor de sus ahorros y su demanda crece en tiempos de incertidumbre.

“Lo excepcional del caso argentino estriba en que no existe ninguna alternativa de ahorro que ofrezca garantías equivalentes al dólar”, señaló el centro.

Jorge Ortigosa, de 60 años, señaló “hay que darle tiempo” a Macri porque “la herencia del gobierno anterior (de Cristina Fernández 2007-2015) fue muy complicada“.

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