Arriola: ¿qué sigue?

STRICTO SENSU

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Al revisar la existencia de matrimonios entre personas del mismo sexo, se observa que hay entidades federativas en las que los gobiernos perredistas no los reconocieron; en otras se establecieron por administraciones del PRI, mientras que en las gobernadas por el PAN simplemente no existen.

En mayo de 2016, el Presidente de la República, primer priista del país, presentó una iniciativa para reformar la Constitución federal de modo que incluyera el derecho al matrimonio igualitario. Se buscaba evitar las restricciones existentes en varios estados. La iniciativa presidencial se volvió tóxica al presentarse pocos días antes de las elecciones locales. El resultado desfavorable al PRI en esos comicios propició el surgimiento de versiones que responsabilizaban las derrotas a la propuesta presidencial. Es factible que el fracaso tricolor en Aguascalientes se deba en cierta medida a dicha iniciativa (el obispo de la entidad abiertamente la condenó desde el púlpito); sin embargo, atribuirle las derrotas en los casos de Chihuahua o Veracruz, en lugar de la pésima gestión de sus gobiernos, está completamente fuera de lugar. Cierto o falso, a partir de entonces el PRI tomó distancia del matrimonio igualitario. De ahí que en las elecciones del estado de México de 2017, el candidato tricolor haya marcado su distancia de la iniciativa presidencial.

Considerando lo anterior, vale la pena reflexionar sobre las afirmaciones del candidato del PRI a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. En su cierre de precampaña, Mikel Arriola expresó su oposición a los matrimonios entre personas del mismo sexo, así como a la adopción homoparental. Señaló también que, de resultar electo, sometería estos temas a consulta pública, pues busca reivindicar a las familias tradicionales. Subrayo que esta posición carece de cualquier viabilidad. Primero, porque la validez de los matrimonios igualitarios en la Ciudad de México fue ratificada por la Suprema Corte de Justicia desde 2010. Y segundo, porque la figura está prevista en la Constitución local, de modo que ninguna consulta popular pone en peligro su reconocimiento.

Es necesario buscar las razones de las afirmaciones de Arriola en otra parte. Debido a la controversia creada, da la impresión de que fueron expresadas para fortalecer su campaña. Pareciera que busca emular el éxito de Fabricio Alvarado, quien se convirtió en triunfador en la primera vuelta de las elecciones presidenciales costarricenses atacando al matrimonio igualitario. Ignoro los límites que tiene un candidato “ciudadano” respecto a los valores del partido que lo postula, pero indudablemente Arriola se distanció de la línea de varios gobiernos priistas que legalizaron los matrimonios igualitarios y la iniciativa presidencial de 2016. Es difícil entender que el candidato de los priistas, supuestos herederos de la tradición liberal, se reúna con Red Familia para defender sus valores. Me inquieta imaginar que, en su cruzada por la defensa de los valores tradicionales y con tal de ganar espacios en su campaña, Arriola proponga próximamente una consulta para suprimir el voto femenino.

Mauricio Ibarra

Mauricio Ibarra

Abogado (UAM) y maestro en Economía y Política Internacional (CIDE).
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