La jornada electoral

SURCO

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Gran esperanza ha generado en amplias capas de la población el triunfo electoral de Andrés Manuel, tanto que algunos asumen su próxima gestión como la cuarta transformación del país, esa hiperbólica comparación parte del supuesto que su elección se asemeja en importancia histórica a la Independencia, Reforma y Revolución.

Existe una obsesión en la izquierda lopezobradorista por el número ordinal cuarto. Hace seis años, Martí Batres enarboló como programa a la Jefatura de Gobierno: 50 puntos hacia la Cuarta Transformación de la Ciudad de México. Ese documento indicaba que la primera, fue con Cuauhtémoc Cárdenas, que según rescató al gobierno del saqueo de las mafias priistas. Así que ya sabemos cómo brotará la nueva narrativa federal. La segunda con AMLO y la tercera con Ebrard.

El ganador aún, no se sienta en la silla presidencial, ni ha ejecutado ninguna política pública exitosa o una actitud diferente en el ejercicio del poder público, pero ya sus seguidores con fervor devocional, han decido iniciar su canonización.

Las pistas de un futuro gobierno, quizás puedan encontrarse en su período como Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Ahí es donde despuntaron dos rasgos fundamentales -no fueron los únicos-, un ambicioso y profundo paquete de programas sociales, que llevó a la ciudad a ser la única entidad federativa que posee una mayor cobertura local sobre la federal, en ese tipo de programas.

Sin embargo, dieciocho años después, la desigualdad sigue agudizándose en la capital federal; Iztapalapa no dejó la pobreza, como tampoco en ninguna   colonia pobre se eliminó o abatió. ¿Qué sucedió? Creó la más potente maquinaria electoral del país, la mayor reserva de sus votos.

Dos sexenios después, la CDMX es el centro de radiación activa del lopezobradorismo, territorio en el cual miles de trabajadores sociales, afanosamente tocan puerta por puerta, empadronando beneficiarios de programas, registrando datos generales, demandas y necesidades de personas, que posteriormente son movilizadas e inducidas hacia un emblema partidista.

El otro rasgo notorio, fue una profusa obra pública, obvio, obra del suelo hacia arriba, visible, tangible, no infraestructura hidráulica que no se ve, ni genera votos. Ahí fraguó una alianza con constructores, que persiste.

El pasado reciente es abundante en información sobre lo hecho en su gobierno, por ejemplo, su pertinaz oposición a la creación de órganos autónomos constitucionales, como fue el caso del Concejo de Información Pública. Otro, la recentralización de atribuciones de las Delegaciones en el gobierno de la ciudad.

Un caso que ilustra, cómo puede ser su relación con el legislativo, fueron los 23 bandos emitidos para darle la vuelta a una Asamblea Legislativa con mayoría opositora.

El candidato ganador no es un novato en el ejercicio del gobierno, dirigió los destinos de una ciudad cuya zona metropolitana, la hace ubicarse como una de las urbes más pobladas del mundo. Insisto, en esa huella pueden encontrarse los trazos del próximo gobierno. A hurgar y analizar lo hecho.

Obdulio Ávila
Obdulio Ávila

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